Tormenta Política en Elecciones
Los vientos de politiquería llegaron tan fuertes como el Super Niño que hoy en día azotan a nuestra patria, donde los politiqueros empiezan a crear tormentas inundando de mentiras, promesas falsas y regalos. Detrás de este desastre se esconde el común denominador del politiquero: esa autopercepción fingida e inexistente de amor a su pueblo. Sin embargo, la verdad se refleja en un pueblo que llora lágrimas de subdesarrollo, anhelando un día despertar de sus penumbras para ver una realidad distinta.
La gestión pública no se mide por las promesas sopladas en campaña, sino por los resultados impresos en la realidad del pueblo. ¿Con qué solvencia moral se puede aspirar a la continuidad cuando las necesidades básicas siguen intactas?
Frente a la tempestad del oportunismo, la gente necesita el surgimiento de un verdadero político: aquel cuya carta de presentación no son las promesas futuras, sino la evidencia de sus acciones. Rescatar un pueblo del olvido no exige medios paños tibios, o iniciativas utópicas, requiere una voluntad de trabajo y entrega a su tierra inquebrantable, el desarrollo no se logra mediante la vociferación de mentiras al aire, el buen político no se escuda de terceros, el buen político busca la transformación social priorizando el desarrollo común sobre los favores de su círculo cercano.
El voto no es un simple papel, es una herramienta para decidir nuestro destino colectivo, podemos darle las riendas de nuestro camino a un autentico servidor del pueblo o a un mercader cuyas garras esperan aferrase del poder para continuar con sus sueños individuales.
